Esta es mi historia.

Mi camino en el arte comenzó en mis estudios de artes plásticas, donde
descubrí que la creación es un lenguaje universal. A día de hoy con mi formación en arte dramático sigo alimentando esa versatilidad, convencida de que el arte
cobra su verdadero sentido cuando se comparte en comunidad. Descubrir el delicado engranaje que da vida a la escena fue lo que me hizo entender el teatro como un universo completo. Observar el trabajo técnico, el diseño de luces, el sonido y la precisión detrás del telón, me llevó a enamorarme del «oficio» en su expresión más pura y artesanal. Entendí que mi vocación como actriz late lejos de la frivolidad de una alfombra roja y mucho más cerca de la madera de las tablas y del esfuerzo diario.
 
Me considero, ante todo, una actriz proactiva e imaginativa. No concibo la interpretación desde la pasividad del que espera a que suene el teléfono. Mi mente siempre está tejiendo historias, formatos y conceptos listos para ser explorados. Me mueve el teatro de raíz, ese que te obliga a arremangarte, a implicarte de arriba abajo en la producción y a impulsar proyectos de forma autónoma. Quiero habitar la escena desde el primer latido de su creación.
 
Entiendo la actuación como un espacio de intercambio vivo, y me entusiasma profundamente la idea de transmitir lo aprendido, inspirando a otros cuerpos y voces a encontrar su propio lenguaje escénico.
 
Mi meta es clara, visceral y honesta. Vivir de este sueño y picar piedra cada día. Deseo abrazar esta vocación en todas sus facetas, asumiendo cada rol como una herramienta para alimentar mi interpretación y poniendo mis mil ideas al servicio de la cultura.